Glosario

Abuso (1)

El término <<abuso>> viene del latín <<abusus>>, mal uso. Remite al uso excesivo o injusto de algo. Por extensión, <<abusar>>  equivale no solo a sobrepasar ciertos derechos, a aprovecharse con exageración de una situación o de una persona, sino también a engañar gozando de la confianza del interesado, y a poseer a una mujer que no está en posición de negarse.

                Se pasa pues de una situación <<normal>>, aunque excesiva, a una actuación discutible o perjudicial para el prójimo.

 

El consentimiento (1)

El consentimiento expresa la capacidad de pensar de manera autónoma de un adulto responsable, es decir, su capacidad de decidir por sí mismo y de actuar conforme a su reflexión.

La palabra <<consentimiento>>, tras su aparente simplicidad, está llena de sutilezas: el consentimiento puede ser explícito, tanto si se expresa verbalmente o por escrito ante testigos (<<¿Consiente usted en tomar por esposo o esposa…?>>); puede ser implícito, tácito, sugerido o interpretado según el proverbio <<quien calla otorga>>; también puede ser impuesto, como en ciertos matrimonios concertados, o estar influido por la mentira, la sugerencia y hasta la intimidación. También puede ocurrir que el consentimiento sea arrancado con violencia o amenazas, y por otra parte la mayoría de los abusadores sexuales dicen; <<Él/ella consintió>>. Cuando una persona <<se deja>>, cabe la tentación de pensar que consiente a los que le proponen, pero ¿es verdad? Ahí está la dificultad para un juez a la hora de evaluar un sí o un no.

 

El consentimiento libre e informado (1)

                Tal como se exige en el campo de la medicina, un consentimiento debería ser siempre libre he informado: libre, es decir, sin coacción ninguna, ni física ni psicológica, e informado, es decir, con total conocimiento de la causa. El individuo debería saber que consiente y  poder medir las consecuencias o riesgos que ello implica. Esto implica un acto reflexivo e intencional, y por tanto distinto de una pasión o un deseo efímero.

 

La donación (1)

                Desde un punto de vista jurídico, el abuso de debilidad se basa en la importancia de los regalos, siempre en función de la capacidad financiera de la víctima.

                En el caso de las disposiciones testamentarias dudosas (por ejemplo, una persona que favorece a un extraño en detrimento de su familia), o en el de liberalidades financieras, no siempre es fácil decidir. La persona mayor ha podido tener conflictos con una rama de su familia, o haber sentido un flechazo de un tercero del que se sentía próximo. No por ello se trata de ninguna patología. No porque una persona empiece a sufrir de Alzheimer y haga regalos a los que lo cuidan hay que concluir que es víctima de un abuso de debilidad. Los trastornos, sobre todo al principio de la enfermedad, son fluctuantes en el tiempo: pueden provocar alteraciones de la memoria, pero no de la razón. Cuando la generosidad parece desmesurada, ¿cómo establecer que esos <<regalos>> no son un acto libremente consentido? ¿Cómo medir, a distancia de la donación el grado de vulnerabilidad del sujeto? ¿Cómo saber si esa fragilidad eventual lo ha impulsado a tomar decisiones que no habría tomado en un estado normal?

                La mayoría de las personas mayores gestionan su dinero de forma razonable: conservan lo suficiente para vivir bien, al tiempo que ayudan a sus hijos y nietos a instalarse en la vida. Otras prefieren amasar dinero y bienes materiales mientras viven, o dárselo a asociaciones y organizaciones humanitarias. Algunas, finalmente – y son muy libres de hacerlo -, optan por gastarlo todo. Un magistrado juzgado según la ley; su cometido no es valorar la moralidad de un individuo.  

                Una donación puede ser también una trampa para tener a la otra persona en deuda. Así es como algunos comerciantes o gurús de sectas hacen pequeños regalos para obtener respuesta a una petición o una acción importante. Cuando alguien hace algo por nosotros, abrigamos una sensación de deuda. En su Essai sur le don, Marcel Mauss, sin negar que en general una donación implica una voluntad o una libertad, ponía al descubierto al carácter obligatorio de todo donación, atribuyéndole así de estatus de hecho social. Algunos manipuladores saben utilizarlo y se las ingenian para mantener una relación de dependencia con el otro. La regla social implícita es la siguiente: una persona que da a otra espera recibir algo a cambio; así, se puede dar deliberadamente con la intención de pedir ulteriormente un favor. Cuando un cuidador o un familiar se han ocupado bien de una persona mayor o han dado esa impresión, esta última puede sentirse en deuda y hacer una donación o un legado que puede parecer desproporcionado respecto al favor recibido. A fin de evitar todo litigio, las asociaciones recomiendan por lo tanto a los profesionales que cuidan a personas mayores no aceptar nunca un regalo demasiado importante.

                El valor de una donación depende de la cantidad de dinero que permita adquirir, pero también es un valor de cambio en la propia relación. El valor de los regalos recibidos es imposible de fijar porque depende de la relación afectiva que haya entre los dos protagonistas. Aunque el intercambio, visto desde fuera, parezca profundamente desequilibrado, ¿quién puede juzgar lo que realmente ocurre entre las dos personas? ¿Cuál es el precio del amor o de la amistad? Ante una persona mayor que distribuye su dinero a alguien que no son sus hijos, la  pregunta es inmediata: <<¿A cambio de qué?>>. Efectivamente, algunas personas mayores o discapacitadas compran claramente un vínculo, y transforman la relación en transacción económica. Pero ¿Dónde empieza el abuso? Si una abuela se muestra especialmente generosa con sus nietos, ¿es únicamente por amor, no es también una forma de reclamar más atención?

                Imaginemos a un hombre mayor que dilapida su dinero con mujeres jóvenes que se aprovechan de él y no lo respetan. ¿Qué decir si él afirma. <<Lo hago porque me da la gana>>? Sus hijos se escandalizan, se preocupan por él, temen que se quede sin nada y se lo dicen. Él contesta que tiene todo el derecho a no ser razonable, que es libre de hacer lo que quiera. Para él es como un corte de mangas a la generación siguiente. Podría añadir: <<Dejadme tranquilo, estoy al final fe mi vida y tengo derecho a enfrentarme como quiera a mi miedo a la muerte>>.

                La situación más difícil es aquella en la que una persona dice estar en posesión de todas sus capacidades y por lo tanto ser libre de dar su dinero a quien le plazca, cuando en realidad parece estar bajo la influencia de un allegado. ¿Quién es entonces el abusivo: el que <<se aprovecha>> o el que <<denuncia>>?

 

La confianza (1)

                La confianza es lo que hace que alguien deje sus asuntos en manos de otra persona en una situación específica o en todos los actos de la vida corriente. Esto crea una situación asimétrica aceptada, como la que existe entre un padre y su hijo.

                Uno inspira confianza más por su actitud, es decir, por algo que puede construirse, que por sus competencias reales.

 

Convencer o persuadir (1)

                Convencer no es lo mismo que persuadir. Aunque se trata en ambos casos de conseguir la adhesión de alguien, el camino no es el mismo. Convencer es hacer que otro admita una forma de pensar o de actuar mediante explicaciones racionales. Ello obliga a realizar unos esfuerzos de argumentación o de demostración, y requiere tiempo y atención por parte de interlocutor, consciente de que están tratando de convencerlo. Como esos esfuerzos son explícitos, en general son bien aceptados porque se dirigen a la razón y no al inconsciente,  aunque pueden basarse en argumentos falaces.

                Persuadir es provocar un cambio en la voluntad del otro mediante argumentos lógicos, pero también actuando sobre la afectividad, a través de la seducción o la adulación. En este caso, el interlocutor participa activamente en el proceso, pues el que intenta persuadir al otro adapta su discurso a su sensibilidad y también a su vulnerabilidad.

                La persuasión es un arte que comporta una parte de improvisación muy importante que no es posible estudiar en manuales. Algunas personas están dotadas de forma innata para persuadir a los demás. Tienen un carisma o una gran facilidad para la comunicación.

                Una persuasión eficaz resulta de un equilibrio sutil entre la credibilidad atribuida a la fuente del discurso, el tipo de argumentos enunciados y su coloración emocional.

                La persuasión que es percibida como una atribución externa (<<otra persona me empuja hacia…>>), es una táctica menos eficaz que la que da la sensación de ser una motivación interna (<<he decidido libremente…>>).

 

La seducción (1)

                El término <<seducción>> viene del latín <<se ducere>>, que significa <<separar>>, <<llevarse a un lado>>. En su acepción moderna, seducir significa encantar, fascinar de forma irresistible, pero también hechizar, adquirir un ascendiente sobre otro.

                Seducir se dice además de una acción destinada a provocar la admiración, a atraer o a despertar el amor de una o varias personas y, por extensión, corromper la inocencia de una muchacha, es decir, abusar de ella, engañarla. La seducción constituye así una etapa preliminar de toda relación amorosa.

                En la Grecia antigua, se creía que la clave de la seducción no residía en el emisor sino en el receptor, pues seducir es adaptarse al otro, decirle lo adecuado en el instante oportuno.  Efectivamente, un seductor no alcanza su objetivo más que en la medida en que encarna una deseo latente en el otro y coma en él un vacío.

                La seducción solo es posible teniendo en cuanta al otro. Baudrillard lo resumía así: <<La persona seductora es la persona en la cual el seducido se reconoce>>.

 

La influencia (1)

                La influencia no siempre es un fenómeno negativo, sino un fenómeno psicosocial normal que existen en todas las relaciones interpersonales. La relación  con los demás está hecha de lazos recíprocos, uno recibe la influencia de los demás, pero normalmente puede responder influenciando a su vez; todos somos a la vez emisores y receptores de influencia.

                La influencia no es la manipulación. Incluso es una fuente de enriquecimiento y un medio de innovación. Los anunciantes lo saben y por eso cortejan a los >>que tienen influencia>> en Internet, a esos jóvenes que recomiendan una página web o una tendencia a través de las redes sociales. La influencia solo se convierte en problemática en manos de personas mal intencionadas que intentan sojuzgar al otro. En hechicería, es poseído el que está bajo la influencia de un espíritu que actúa dentro de su persona.

                Toda la dificultad  consiste en percibir el límite entre una influencia normal y una influencia abusiva. Se puede detectar intuitivamente que una influencia no es buena, que hay abuso, pero en general no confiamos lo bastante en nuestra primera impresión, y más tarde lo lamentamos.

 

 

 

               

 

               

 

 

 

(1) Fuente. El Abuso de Debilidad. Marie France Hirugoyen. 

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